Colpin

Colpin, mística de periodismo de investigación en América Latina

Un testimonio personal sobre Colpin, la conferencia de periodismo investigativo más importante de América Latina


08 de Junio del 2018 Compártelo:  


Por Enrique Flor
Reportero del Nuevo Herald

Aquella mañana subí al estrado en silla de ruedas. Empecé a presentar la metodología que aplicamos en El Nuevo Herald, de Miami, para desarrollar “Condos de Pesadilla”: elaboración de una base de datos alimentada con data obtenida mediante pedidos de información sobre todas las quejas de dueños de viviendas en condos de Miami-Dade, en el 2015 presentadas ante el Departamento de Regulación de Negocios y Profesionales (DBPR), entidad del gobierno estatal de La Florida. La base también fue alimentada con reporteo de calle durante un mes.

Logramos documentar esquemas de fraude sistemáticos en varios condominios de Miami-Dade. Por ejemplo, en uno de ellos, de unos 700 apartamentos del noroeste del condado, al menos 82 votos de los propietarios fueron falsificados para elegir fraudulentamente a una directiva que poco después gestionó una licitación en la que se benefició con un millonario contrato a una empresa que compitió con dos compañías fantasma reparar los techos de los edificios, y por ello la junta directiva impuso una cuota especial obligatoria que debía ser pagada por los dueños de apartamentos junto con las mensualidades de los créditos hipotecarios. De incumplir con los pagos de la cuota especial, la junta directiva podía imponer gravámenes a los apartamentos, varios de ellos comprados por trabajadores ya retirados.

A medida que explicaba el caso, en un auditorio de la Universidad de Belgrano, empezó a hacerme un nudo en la garganta. Comencé a recordar cómo varias víctimas de diferentes condos de Miami Dade fueron a visitarme al hospital en el que fui internado a comienzos del 2017, tras sufrir un cuadro de severos strokes (como en inglés se les llama a los accidentes cerebro vasculares). Los vecinos me visitaban para alentarme en mi recuperación, para orar conmigo. Recordarlo en plena conferencia me emocionó. Pero la voz de aliento de periodistas como Daniel Enz, con quien minutos antes había compartido refrescantes sorbos de yerba mate, me gritaba: “Vamo’ Kike!”. Me hizo sonreír y me ayudó a calmarme para seguir con la presentación.

Poco después, aquella noche en Buenos Aires fui a cenar con periodistas dedicados a la investigación en nuestra región, comprometidos con la lucha anticorrupción que participaban en la conferencia. Mientras conversábamos de diferentes casos expuestos, el venezolano Joseph Polisuk interrumpió cortésmente para decir que se retiraba de la mesa pues enfatizó que debía aprovechar que aún podía encontrar alguna tienda abierta en el centro bonaerense para comprar artículos de higiene personal, como pasta de dientes o desodorantes, difíciles de adquirir en la caótica Venezuela.

Precisamente, por la mañana, Polisuk había expuesto la investigación periodística Los Bolinegocios, los jugosos contratos acaparados por la cúpula militar que enarbola el Socialismo del Siglo XXI.

El esfuerzo de digitalizar miles de contratos públicos permitió documentar cómo el Estado venezolano destinaba obras de construcción, servicios de seguridad y hasta la importación de alimentos a al menos 785 oficiales activos.

A pesar de la profundidad y consistencia de esa serie investigativa, esta provocó una demanda por difamación e injuria agravada, por lo que a Polisuk junto con Robert Deniz, Alfredo Meza y Ewald Sharfenberg, todos del equipo de la plataforma independiente Armando Info, no les quedara otra alternativa que salir de Venezuela “por falta de garantias judiciales y procesales”. Desde Colombia, Polisuk enfatiza con firmeza que su intención es “seguir investigando la corrupción en Venezuela”.

“Nosotros estamos preventivamente fuera del país porque fuimos demandados por destapar el negocio de los CLAP, que es el programa de alimentos subsidiados del gobierno venezolano, por medio del cual el Gobierno ha logrado establecer una relación de comida a su clientela electoral”, dijo Polisuk. “Descubrimos los empresarios beneficiados (que según la fiscal Luisa Ortega, son los testaferros de Maduro) pero también mostramos la mala calidad de productos como una leche que no es leche”. 

Son varios los periodistas que ante las circunstancias (entre ellas el control gubernamental de la línea editorial de los medios donde ejercían) y faltas de garantías han debido salir de sus países.

Aquella noche en Buenos Aires, Polisuk acababa de ser galardonado con el Segundo lugar del Premio Latinoamericano de Periodismo de Investigación. El trofeo del Primer lugar lo empuñó orgullosa, brazo en alto, María Luz Nochez, de El Faro, cuyo equipo ha logrado acuñar en El Salvador series de excelencia periodística que investigan al poder.

Aquella noche observé la ceremonia desde una mesa en la que compartí con varios y buenos amigos-colegas-investigadores como Emilia Delfino, premiada con una mención honrosa por Awada Made in China, referida a como firmas fantasmas involucradas en las mafias de los contenedores ingresaron a Argentina dos marcas de Daniel Awada, cuñado del presidente de ese país, Mauricio Macri.

La mayoría de los periodistas reunidos en la ceremonia, solemos tener un común denominador: sacamos adelante nuestras investigaciones a pesar de los obstáculos. Tras conversar con varios investigadores de la región, regrese a Lima, motivado a recuperarme con más empeño. Poco después enrumbé a Miami, y la semana pasada me levanté de la silla de ruedas y empecé a recorrer la sala de redacción del Herald. El COLPIN no solo me empapó con técnicas investigativas, también rescato la mística que nos inspira a ejercer el periodismo de investigación.  

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