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Criterios éticos para cubrir el COVID-19


11 de Junio del 2020 Compártelo:  

Por SENAMI KOJAH

Desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia de COVID-19, cada vez más periodistas alrededor del mundo se han visto obligados a informar desde la primera línea de la crisis.

Los orígenes y la propagación del virus, la respuesta de los gobiernos y los individuos y la retórica que ha seguido cada uno de ellos plantean un conjunto único de dilemas para los periodistas que navegan por aguas desconocidas. Comprender las consideraciones éticas es importante para presentar contenidos equilibrados, justos y precisos de lo que está sucediendo.

Recaudos al cubrir fallecimientos

Al dar la noticia de la muerte de alguien por complicaciones de COVID-19, especialmente si se trata de una personalidad prominente, los periodistas deberían considerar abandonar el deseo de dar la primicia y tomarse un tiempo para consultar con las autoridades locales para ver, primero, si la familia del fallecido ha sido informada.

Detrás de los datos, hay vidas reales que se verán afectadas por la pérdida de un ser querido. Los periodistas deben tener cuidado de no ofender la sensibilidad de la audiencia a la que informan.

"Las cifras de víctimas son hechos, y los hechos siguen siendo la piedra angular del periodismo. Creo que la publicación de cifras de víctimas debe hacerse con un lenguaje que muestre sensibilidad y respeto por la vida humana", dice Eniola Akinkotu, periodista del periódico más leído de Nigeria, Punch.

En un artículo sobre cobertura ética de la muerte, Sal Lalji, directora de prensa y relaciones públicas de Samaritans, alienta a los periodistas a consultar con las familias antes de usar imágenes de las redes sociales para contar la historia. "Cuando una persona muere puede ser bastante molesto ver que los medios han tomado fotografías de sus redes sociales, que además no necesariamente serán la imágenes con las que los familiares quisieran que fuese recordada".

Respetar la confidencialidad de las fuentes

Los periodistas confían en las fuentes para conseguir información privilegiada, a la que de otra manera no podrían acceder. La naturaleza sin precedentes de la cobertura del COVID-19 significa que mucha información proviene de personas que están en la primera línea de la pandemia.

Se debe preguntar a todas las fuentes si se las puede nombrar en una cobertura, especialmente aquellas que podrían ser sensibles a la divulgación de su información. Esto incluye enfermeras, médicos, denunciantes en hospitales e instalaciones gubernamentales, personal descontento, fuentes que ofrecen información sobre el tratamiento y manejo de pacientes, y personas con conocimiento sobre encubrimientos de cifras de víctimas o tasas de infección.

Los periodistas nunca deben asumir que sus fuentes quieren ser nombradas. Es fundamental buscar su consentimiento y reflejar en la historia los permisos que otorgan.

También es importante asegurarse de que las fuentes no se identifiquen por contexto.

The News Manual ofrece un ejemplo: "La secretaria del Primer Ministro puede haberte dado información secreta de manera confidencial o extraoficial. Si escribes la historia atribuyendo los detalles a 'fuentes del staff personal del Primer Ministro', corres el riesgo de exponer a tu fuente, especialmente si solo hay una o dos personas en el staff personal del Primer Ministro. Sería mejor atribuirlo a 'fuentes de la oficina del Primer Ministro' si se trata de una oficina grande. Es necesario equilibrar la necesidad de demostrar que tus fuentes están cerca de la información (y, por lo tanto, son confiables), con la necesidad de proteger su identidad".

Mantener la confidencialidad de tu fuente  también es importante si esperas que te confíe más información en el futuro.

Verificar información

¿Se puede verificar tu información? Esta es la pregunta más importante para los periodistas que usan datos durante la pandemia de COVID-19. Hay numerosos datos provenientes de diferentes países y organizaciones que muestran cifras de víctimas, fondos asignados para suministros médicos y el impacto del virus en la vida en general.

Pero los datos pueden ser defectuosos, estar tergiversados, carecer de contexto e incluso inventarse, por lo tanto, los periodistas deben adoptar un proceso de verificación e interrogación exhaustivo.

En un artículo sobre visualizaciones de datos del coronavirus, Joel Selanikio, un ex investigador del Centro para el Control de Enfermedades, muestra cómo los mapas utilizados por CNN y The New York Times para "rastrear el brote" pueden distorsionar los datos.

Debido al diseño de un mapa, parecía que el virus se había expandido por todo China, pero había unos 35.000 casos en una población de 1.400 millones de personas, es decir, el 0,002% de la población. En otro ejemplo, un mapa de CNN que muestra la "propagación global del coronavirus", Norteamérica, Europa, Australia y Rusia, junto con China, están sólidamente infectados. Pero en el momento de la publicación, solo había un total de 12 casos en los Estados Unidos, de una población de 330 millones.

El uso del número acumulado de casos cuando se informa puede ser útil para comparar al COVID-19 con otros brotes como el SARS, pero no se puede confiar en el seguimiento en tiempo real porque nunca se desactiva. Muchas personas se han recuperado, algunas han muerto y otras siguen recibiendo tratamiento, por lo que no se puede utilizar para medir la tendencia del brote.

Los periodistas deben hacer esta distinción para asegurarse de que los datos que publican para su audiencia no sean estáticos y puedan usarse para rastrear la progresión en tiempo real sin subestimar o sobreestimar el impacto de la pandemia.

Cobertura del racismo y discursos de odio

Desde que apareció el COVID-19, han surgido nuevos discursos de odio y racismo por parte de líderes mundiales y actores de la industria. En los Estados Unidos, por ejemplo, el presidente Donald Trump se refiere abierta y repetidamente al COVID-19 como el "virus chino", lo que genera temores de acciones de odio por motivos raciales.

El jefe de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo que había sido objeto de comentarios racistas y amenazas de muerte durante meses debido a su trabajo de supervisión de la respuesta global a la pandemia.

Los medios de comunicación a veces no tienen clara su responsabilidad a la hora de cubrir a los creadores de noticias que difunden la intolerancia. Esto se debe en parte a que se trata de un problema complejo y no susceptible a fórmulas éticas simples. La mejor práctica implica alertar a la sociedad de los agentes del odio, pero sin darles un viaje gratis que exagere su importancia y amplifique sus puntos de vista sin crítica. Según la Red de Periodismo Ético, puede ser difícil lograr el equilibrio adecuado.

El discurso de odio nunca debe celebrarse en los titulares. Informar las reacciones al discurso de odio puede ser una mejor manera de contar la historia, dice Akinkotu, periodista de Punch.

La cobertura del COVID-19 debe hacerse con el máximo respeto por la vida y la sensibilidad humana, especialmente en este momento de gran incertidumbre.

Fuente: IJNet

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